Yogui es uno de esos perros que te encuentras paseando, con una propietaria que no sabe muy bien lo que está haciendo, mientras el perro sufre las consecuencias de una mala elección de educador, y el desconocimiento de cómo se entrena a un animal en el siglo XXI.

El día que conocí a Yogui
El día que conocí a Yogui

Si en cualquier establecimiento ves la tarjeta de un adiestrador, o te lo recomiendan, y no has leído o buscado nada sobre entrenamiento canino moderno, es normal que creas a pies juntillas lo que te cuentan. Y aún hoy en día es muy probable que des con alguien sin preparación a pesar de tener muchos años de “experiencia”.

Cuando me encontré paseando a la cuidadora de Yogui, y le pregunté si necesitaba ayuda, me respondió desconsolada: “es que se lanza a todo y no para de ladrar”. El perro estaba permanentemente vigilando su entorno, jadeando, escondiéndose tras su cuidadora y ladrando a cualquier estímulo que aparecía cerca. Quizá conozcas a algún perro en ese estado.

Al preguntarle por qué había decidido poner un collar de púas en su cuello me dio la solución: “ha estado viniendo un adiestrador y ni con esas, ya hemos dado 10 clases de las 15 que son en total, le da tirones con las púas hacia dentro, y yo no entiendo nada, y no está mejorando, así que se las pongo para afuera en mis paseos y ya estoy deseando que termine”.

Indagando sobre su pasado, resulta que Yogui venía de un domicilio en el que pensaban abandonarle, llevaba 5 años viviendo en un patio sin salir de él para nada, y lo iba a dejar en  una carretera. Tenía miedo a las personas, miedo a los perros, miedo a los ruidos…siempre en guardia y con muchísima ansiedad”.

El problema de las clásicas “soluciones” para tratar conductas reactivas mediante el uso del castigo físico (un tironcito de correa también lo es), estriba en que, en el mejor de los casos, conseguimos que el perro cese su conducta en ese momento (¡y por eso nosotros creemos que funciona!), pero no tratamos la raíz del problema, ni su estado emocional, antes bien al contrario, lo agravamos severamente. Suele tratarse de personas que no han continuado estudiando o amateurs que prueban a imitar cosas que ven en la TV/youtube.

Éste es un caso relativamente sencillo de diagnosticar para cualquiera que haya leído algo sobre gestión emocional en perros, y su solución pasa inevitablemente por sustituir los elementos que provocan estrés y miedo, por material de manejo y condiciones de vida que aporten confort y confianza al perro.

Mi consejo para aquellos que crean que necesitan un collar de púas (o de ahogo, o de descargas) es que lo reconsideren seriamente y busquen asesoramiento de varias fuentes modernas con base científica.

Yo en su día caí en el error y usé un collar de púas con mi compañero Koldo “para que no tirara de la correa” hasta que con sus 8 años hicimos nuestro primer curso de educación canina.

Yogui progresa en su día a día, se ha vuelto muy cariñoso con sus cuidadores, y va cogiendo confianza en sus paseos por el barrio, aún se sorprende esporádicamente, pero su reactividad va remitiendo.

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Si aún crees que lo que digo es puro marketing buenrrollista, aquí te dejo el corto sobre la evolución del Adiestramiento Canino/Animal de mano de sus máximos precursores en EEUU (subtitulado al español):


Yogui: macho, Yorkshire Terrier, 7 años proveniente de un domicilio (aislado/maltratado).

Número de Sesiones: 2 sesiones (1h30min cada una aprox).

Trabajo: material de manejo, lenguaje canino, paseo relajado, trabajo en casa, miedo a sonidos, miedo a salir a la calle.

#Yogui otra víctima del “adiestramiento” a la fuerza
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