Tuka presenta un escenario muy habitual. Perros que viven en una estupenda finca, un lugar idílico salvo por el pequeño detalle de que carece de estimulación suficiente. Y no me refiero a la estimulación física (que también), sino a la estimulación mental, olfativa, y principalmente social. Es un galgo afgano de 1,5 años de edad. Un entorno aparentemente perfecto, pero ambientalmente pobre. Por eso al margen de las conductas es preciso abordar el enriquecimiento ambiental. Los perros aburridos desarrollan problemas tarde o temprano.

Un perro puede vivir solo en una finca. Es decir, se puede adaptar. Hasta ese punto es maleable. Pero los perros son, al igual que nosotros (y esto no es antropomorfizarles), mamíferos sociales, y no es hasta que se acerca alguien que uno se da cuenta de la demanda social/afectiva tan intensa que su organismo reclama. Sigue pidiendo el juego e interacción social que apenas ha tenido.

Pero Tuka lo lleva bien. Sus cuidadores le hacen algo de compañía por la mañana y ha hecho amistad con el jardinero que le ha visto crecer. Al margen de eso se da sus mini-carreras por el jardín y no ha desarrollado conductas problemáticas.

Entonces ¿por qué me llamaron? Porque se sube a la gente para saludar efusivamente. Es una conducta habitual en perros, incómoda para los humanos, que se puede reeducar fácilmente, pero no es una patología como tal. Es importante entender esto. De hecho es un comportamiento perfectamente natural y saludable, el interaccionar con otros perros o personas y buscar apego, está dentro de su etología. En este caso con una efusividad acusada. Ya ha quedado atrás el mito de que un perro que se sube a saludar está intentando dominarnos.

De hecho, en la actualidad empieza a considerarse que el nicho ecológico natural del perro doméstico, y por lo tanto desde donde deberíamos estudiar su etología, no es un entorno salvaje y aislado, sino el mismo núcleo/grupo social humano. Su #Familia. Un gran ejemplo es el grupo de investigación Family Dog Project, en Budapest. 

Tuka playing
Iniciando a Tuka a jugar conmigo

Saltar para saludar es una conducta entrenada por sus cuidadores desde que era cachorro y le acariciaban, al ponerse a dos patas para pedir mimos. Incluso cuando pasados unos meses le cogían del pelo para bajarle, recibía atención y un “juego” que a él tanta falta le hacía.

Para tratarlo desde la base, y con un perro joven, hay que empezar como con los cachorros, por el autocontrol* Para ello en general hay que proporcionarle ayuda para calmarse cuando se excita demasiado, y darle tareas que le estimulen mentalmente.

También hay ejercicios específicos que pueden trabajar estos aspectos simultáneamente, y se puede usar comida o juguetes (más tarde) según su nivel de excitabilidad.

Utilizamos primero comida …y debido a que nadie le daba “juego” decidí darle (y darme 🙂 ) un capricho, y repetí el ejercicio con un mordedor. Es impresionante ver a un perro jugar por primera vez y confiar en ti. 

Después trabajamos la llamada premiando en el suelo , para que mecanice el movimiento de llegar a la gente y ‘cerrar’ abajo, sin saltar. A partir de ahí repeticiones con los propietarios y visitas para crear un hábito que se entrena por sí mismo: viene, espera, recibe unas caricias (Refuerzo) y ya puede irse a jugar tranquilamente. Así también aprende que las visitas son amables y no debe temer a extraños.

*Aunque quizá sobre decirlo, es conveniente repetirlo: no uso ninguna corrección ni enfado con el perro.

De hecho hay quien se jactaría de hacer un “trabajo” mucho más eficaz, con una simple sesión castigando la conducta de subirse con un empujón, un rodillazo en el pecho, o un tirón seco de correa…hay muchos y contundentes motivos (éticos y técnicos) por los que desaconsejo estas “rápidas soluciones” (de entrada, a nivel práctico deben poder realizarla dos personas de más de sesenta años) pero eso será objeto de otro post.

Lo difícil fue el resto del trabajo: consistió prácticamente en establecer rutinas para mantener la finca “atractiva” y su día a día más estimulante. Lo que se conoce como enriquecimiento ambiental que es algo por otro lado habitual en parques zoológicos.

Resumiendo y como regla general conviene entender, que:

Cualquier comportamiento puede observarse, y abordarse, desde (al menos) dos ópticas diferentes. El estudio de la etología: comportamientos naturales, y desde el estudio del aprendizaje: cómo se ha entrenado/fijado esa conducta.

He conseguido que 2 vecinos de la urbanización accedan a que Tuka se pase a saludar a sus perros 2 o 3 veces en semana y siga practicando su lado social, junto con paseos esporádicos a un parque cercano. ¡Necesita olfatear cosas nuevas!

Veremos en unas semanas cómo va evolucionando.


Tuka: Galgo Afgano. 1,5 años

Sesiones: 4 sesiones aprox. 1h

Trabajo: autocontrol, no subir a la gente, llamada, enriquecimiento ambiental, material y juguetes interactivos, pasear sin tirar de la correa, presentaciones, habituación a terraza interna, no morder los sofás exteriores…

#Tuka: “conductas inadecuadas” y el Enriquecimiento Ambiental
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